Sobre cómo el capitán de los Espárragos fue conducido preso a España

Author: Alberto Cancio García /

_ ¡Menuda es la pinta que han ustedes con esos sombreros en la taberna!

_ Demandante de tales discreciones es el anonimato, mi señora, y ambos, él en pillaje de mar y yo en el de tierra, por enjuiciados rebeldes nos tenemos…

_ ¡Señor, veámonos!

_ Esta es GotaFría, querido hermano… ¡Y vos sentaos, milady, que aun queda vino!

_ Pues sepa Vuestra Merced que, aun muchacha, también de esas cadenas yo me tengo, y así comparto sus sigilos, mas que si otras circunstancias me cobraran contemplar esta taberna siendo guardia y no fulana, habrían de ser vuecedes los primeros que mirara… ¡Cielos, capitán, que habrás de coger cocoroco de tanta pañoleta!

_ ¡Pues bien me la he de quitar si con ello alcanzo a obedeceros!

_ No sois lo que en mujer correspondiera a delicado, direlo…

_ Ni debiera.

_ La osadía es menester de nuestra causa, bandolero…

_ También lo es de la mía, y entendiéndolo me hallo.

_ Y yo a Vuestra Merced agradezco la indulgencia, que si habría de importar tener matriz o no tenerla, de chica me aprehendieron la sentencia: donde fueres, haz lo que vieres, y a ella por provecho me atengo.

_ ¡Ja, ja, maldita GotaFría! ¡Son tus excusas de hielo perenne! A éste quien llamas Vuestra Merced no es menos Cancio que yo, que del mismo principio salimos aunque por ventura se hiciera pirata de sierra.

_ Gran placer es conoceros en persona, señor...

_ Jesús Cancio para servíos, mi señora, aunque todo mío es el placer, que, también, por dicha ventura, baladas oí de vuestras gestas y muchas de las más valdría no saberlas.

_ Ni sabrás, mi vascongado, las que restan y no oíste, por ser tantas y sonar con tan afable desatino; que por una heroína de romance se tiene a GotaFría, aunque haya por aspecto de parecer tan susodicha.

_ Aspecto es de chiquilla y no de curtida savia…

_ Calladamente disimula, hermano, y fisgonea en derredor tuyo este salón tan penumbroso, que echarás de ver a los presentes más curtidos de aventura. Estate a la mira de los cuáles: fulleros, marinos y soldados de las mesas, y atiende más a los ases que robado han, pues recreo son de peligrosos lances a todo lo ancho de los piélagos. Mira a aquel viejo encrespado, cuyo acodo de la barra menos muescas tiene que él años, y atiende bien al ajetreo de Francisco de Medina, delineando con sobrado vicio los vinos de Triana. Mira a esas putas de la escalera, eruditas insignes del apurado vivir; a esos músicos de copla, que piratas son a esgalla; y al negro fugitivo que ahora sale de La Torva, a perderse en la noche sevillana por solventar no sé bien qué negocios. Si no has por enojo, hermano, míralos a todos, y supón las mil historias que vivieron cada uno. Luego piensa en los allegados dellos, imagina también sus venturas y conjuras, y no estarás, con todo, imaginando más de lo que vivido ha esta chiquilla, por verdad tan lozana.

_ ¡¿Vive Dios que tan mocita, GotaFría…?! ¡No! Y a vuestro asenso me digo que cacarear es de piratas, que envanecida me suena la oración del capitán… ¡de tanta hipérbole y tanto exceso como…!

_… ¡como merécese el oído gaditano, hermano! ¡Que por más que ahora hagas rostro de ademanes vascongados: de tales modos, tales juicios; y así, no tendrás en poco exagerar nuestras hazañas si a Cádiz eso gusta, y comprenderás que bien es bailar el agua delante!

_ ¡Ay de mí, que engañado me habrán con sólo oír!

_ ¡Y ay de nos, que enjuiciados seremos con sólo hablar!

_ ¡Porfía doméstica es esta, caballeros! Y habría yo ocuparme de un asunto…

_ ¡¿Otro, señorita contramaestre?!

_ Capitán…, no habrá de ser cruento esta vez, que sólo de adornos se trata.

_ Bueno, mi Gota, si ahora bien no hubiera, bajo tierra yacerías, que no he yo de pararte jamás; pero antes de irte, contaba a mi hermano el porqué hubimos aquí, en la Sevilla, hace un mes…

_ ¡Válgame Dios! ¿Has menester algo? ¡Echarte en cara no quisiera cómo hube de luchar sola!

_ ¿Sola, capitán?

_ Todo a su tiempo, bandolero… Exagerada oirás primero la historia del prendimiento.

_ ¡Como escarpia siento hasta la liga!

_ Ya te referí los temores que por todos sufrí aquella tarde del 21 de Abril, por no prever la lluvia y no llevar más lona; y que entonces perdición vi allá donde miré, que no era mucho por lo que nos acaescía entre humos y chispazos... Pues bien:
En viendo que el fatal destino humillaba nuestro barco, mandé izar la blanca, pero no por cobardía, dicho he, sino por ver que el Libertad se vencería de las balas de cañón en un costado. A perder la nave me negaba, por sospechar que el Maynard la conservaría luego, que así fue y lo es ahora, hermano, porque en verdad yo, como él, sabía que en España habíannos tenido ya por piratas contrarios, y que buen precio habían puesto al Libertad para estudiarlo en su acabado francés.
Desta suerte, mandó el cerdo detener la artillería, y viniéndose a nosotros lentamente lo vimos escudarse tras un palo…

_ ¡Tan cobarde, ja!

_ Tan cobarde que, como digo, ni rendidos nosotros hubimos de verle la cara. Dijo a cuatro marineros que trasladárannos de uno a uno al calabozo de su balandro, temiendo emboscada, y ni abordó mi barco hasta que éste anduvo bien vacío. Vacío de todos nosotros si quitáramos a cierta persona, de tan fría… ¿doyme a entender?

_ ¡No podría creerlo! ¡¿GotaFría?!

_ En efecto, vascongado, y hablando con poca crianza, arriesgose la chiquilla a reventar con el navío si el otro dice que a hundirlo.

_ ¡Linda sorpresa, capitán! ¿Cómo de tan joven habéis tanto valor, mi señora?

_ De mejores maestros soy agradecida, señor, aunque diré a Vuestra Merced que, por temer, menos lo hago a la mar que a la horca, y habría de ser extraño que dejara prender mis manos en habiendo otra salida. Y como pasó esto así, remolcada fui por el Pearl en las bodegas del Libertad por todo el Caribe a Cartagena de Indias, y luego, comiendo maíz que guardado me había, por todo el Atlántico hasta Cádiz, a escondidas de todo bicho por serlo yo.

_ Admirado me ha vuestra osadía, GotaFría, que nunca imaginé que tantos duelos y quebrantos cabrían en vos.

_ Y porque vea Vuestra Merced que niña acongojada no he ni fui entonces, tendré a bien explicarle el porqué de mi faena: que, habiendo oído al capitán de los Espárragos lo que a vos ha dicho ahora, que Su Majestad de España quería para sí el Libertad en que yo me escondía, pensé en llegar a él, no por verle fea su cara, sino por saber adónde encontraría nuestro barco después de liberar a mis amigos de la cárcel.

_ ¡Magnífico! ¡Vos viajasteis escondida en el Libertad por no perderlo…!

_ Por saber en qué puerto aguardaría fondeado a que lo rescatáramos, sí…

_ No puedo por menos que admiraros, mi señora.

_ Ya te dije, vascongado, que distinto era lo della; que mientras al resto quedaba ya rezar y poco entre las rejas del Pearl, prisioneros todo el viaje que ha mentado hasta nuestro Cádiz, ella aún tramaba, no sólo liberarnos a nosotros, sino, en fin, a nuestro barco.

_…, escondida estuve no sé cuánto, Dios, que aun me cuido de no pisar bodega ni oler maíz ni trigo, y fue como a mediados de Mayo que escapé sabiendo dónde quedaba el navío, y que anduve y cabalgué por las marismas de Huelva hasta Cádiz por ver si había aún de ayudar a los míos…

_ Y habías, mi Gota, tanto habías…, que si no hubiera sido por ello, vascongado, ahora con una aparición hablarías, y fue gracias a ella, ¡a ti, mi Gotita!, que saborear este vino ahora puedo...
_ Que se acaba, por cierto, mi capitán.
_ Ni amén... ¡¡Tabernero!! ¡¡Más vino!!

7 comentarios:

Jorge Andreu dijo...

Más vino, más vino. Una jarra de litro, por favor. Resulta que la hermosa Gotafría ha sido una heroína. Qué bien.

Por cierto, me encanta la frase "Cielos, capitán, que habrás de coger cocoroco de tanta pañoleta!", jajaja.

Un abrazo muy fuerte, amigo-hermano.

Jorge Andreu

Alberto Cancio García dijo...

Otro para ti por perder el tiempo descifrando mis pamplinas... je,je...

Gracias por leerme, compañero.

Ann dijo...

Veo que llego tarde para ir desde el principio, espero que aún sea temprano para ir desde el final.
Me quedo, pero Shh! no se lo digas al capitán.
Saludos.

Alberto Cancio García dijo...

Con que Ann... ¿eh? ¡¡Ajajáh!! Vos debéis ser la joven Bonny..., librada de la soga por medio de ingeniosas tretas femeninas... Bienvenida a mi humilde taberna, y perded cuidado, mademoiselle, que el capitán os tiene larga estima...

Gracias por pasarte por aquí :)

Isabel Martínez dijo...

Si Rabelais, Cervantes y Sterne pudieran arrastrar sus huesos a su taberna vendrían, señor Cancio, no le quepa duda.
Salud y larga vida a todos.

Alberto Cancio García dijo...

No me digáis esas cosas, madam, que acabaré por creerlas!! :D

Muchas gracias, de verdad :)

Eva Te. dijo...

Muuuchisisisimas gracias por tus comentarios en mi blog!
Me han hecho mucha ilusión, me alegro mucho que te guste.

Tus publicaciones son muy bueenas, te leeré=)

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